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Dedico esta fábula para los (las) que son una copia de los demás. Para los que siempre están pendientes de lo que diga la gente de ellos, ya sea que los adulen, los critiquen o incluso los humillen. Para los que no tienen el valor de expresar sus ideas y se conforman con repetir lo que han dicho los demás. Para los que no son auténticos. Para los que no viven su propia vida sino la vida de otros, para ellos son las siguientes líneas... LA RANA QUE QUERIA SER UNA RANA AUTENTICA. Había una vez una Rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl. Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica. Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica se dejó arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana, que parecía Pollo. AUGUSTO MONTERROSO. I. GUERRERO.
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