ING. IGNACIO GUERRERO ZUÑIGA. Docente del Centro de Bachillerato Tecnológico industrial y de servicios No. 70 (CBTis 70) de la ciudad de Tuxpan, Jalisco. Profesor en asignaturas correspondientes a las areas de: Matemáticas, Electricidad, Computación, Tecnología Sociedad y Valores. Egresado del Instituto Tecnológico de Cd. Guzmán, Jalisco. México, en la especialidad de Ingeniería Industrial Eléctrica. Generación 1978-1983. Breve Historial. Jefe de la oficina de Evaluación e Informática. Jefe de la oficina de Tronco común y especialidades. Jefe de la oficina de control escolar. Jefe del Departamento de Servicios Escolares. Secretario General de la Delegación D-II-127.

Actualmente: DOCENTE.

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[23/04/2007 5:18 am]
Anécdota: Que bien ser Profesor…

“LO BONITO QUE ES DAR CATEDRA”. 

Volviendo al caso de nuestro amigo el médico inexperto que estuvo algún tiempo con nosotros recordé otra anécdota… 

Como consecuencia de sus desatinos (las gotas y el salto) empezó a tener mala fama y el consultorio se quedó vacío. Ni profesores, ni secretarias, ni personal de intendencia lo visitaban para diagnosticarse con él, porque ya sabían que era un riesgo hacerlo. Ahora bien, por parte de los alumnos las necesidades de atención médica se limitaban a “dolorcillos” de cabeza, gripes, y cosas pequeñas que les sucedían, y cuando el problema era mayor simplemente los canalizaba a una institución formal como es el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), además, los alumnos saben todo lo que pasa en la escuela, podrán quizá desconocer el resultado de sumar A más A, pero de lo que sucede en la escuela pueden dar referencia exacta con “pelos y señales”, por lo tanto ya sabían de los errores médicos, de tal manera que la actividad del joven e inexperto médico se redujo considerablemente. 

Detectada esta situación por parte de las autoridades del CBTis 70 decidieron experimentar asignándole carga académica al médico inexperto, otorgándole un solo grupo de alumnos para que les impartiera cátedra de una asignatura y de esta manera además de “probarlo” frente a grupo, ocupar su “ociosidad” que en ese momento era bastante. 

¡Fue un éxito rotundo!.  

Los alumnos que tuvieron clase con él en esa ocasión jamás se quejaron de ninguna cosa respecto de su persona y de su forma de impartir la cátedra. Pero lo mejor de todo es que nuestro joven amigo descubrió una nueva faceta en su vida y se quedó ENCANTADO con su nuevo quehacer. Recuerdo haberlo escuchado más de una vez decir que el trabajo de maestro era casi una bendición, que era muy satisfactorio enseñar y “derramar ciencia” en los adolescentes, en resumidas cuentas estaba feliz trabajando con UNA ASIGNATURA Y UN SOLO GRUPO. 

Su felicidad llegó a oídos de la administración directiva, por lo que al iniciarse el siguiente semestre le asignaron seis grupos “de un jalón” y tres asignaturas diferentes. Entonces su concepto del quehacer docente cambió. Ya no era una bendición, ni era una satisfacción “derramar ciencia” en los alumnos, por el contrario cada vez que lo veíamos cruzar el patio cívico del plantel mirábamos su paso cansado, como que el portafolios le pesaba cada vez más… y más de una ocasión se lamentó de la carga de trabajo que le habían asignado. 

No resistió mucho, quizá un semestre o dos, renunció y se fue a buscar la vida en otro lado. 

De esta breve historia me quedo con lo siguiente…

Efectivamente ser profesor es algo excepcional por todas las implicaciones que tiene nuestro quehacer, ya que nosotros trabajamos formando lo mejor que ha producido la naturaleza: los seres humanos.

“Un buen maestro es como un artista, tiene la facultad de hacer de un puño de barro una obra de arte. Aquel que solo amasa y forma figuras ordinarias no pasa de ser un hombre común. Aquel que logra hacer verdaderos monumentos convirtiendo a los adolescentes en seres concientes, puede por ello sentirse satisfecho y orgulloso cuando le llamen Maestro, pues ha cumplido su misión”. 

En este sentido nuestro trabajo es superior a cualquier otro. Que me disculpen todos los profesionistas que ejercen fuera de la educación pero tengo la convicción de que ningún trabajo está por encima del de un profesor. Cualquier profesión está limitada por si misma a un área del conocimiento, pero el quehacer de un profesor no, si acaso los límites los pone cada mentor por su carencia de conocimientos, por su falta de motivación o por la cortedad de su cerebro, pero en principio su trabajo no tiene limitantes en ningún sentido… 

Por eso me gusta ser profesor, porque en ello no hay límite más que mi propia inteligencia, por lo demás hago uso cabal de la libertad de cátedra.

Ahora bien, espero que al reconocer públicamente que considero el trabajo docente como algo excepcional ello no sea causa para que al igual que a mi ex-compañero médico inexperto me sea asignada una carga de trabajo doblemente pesada, pensando tal vez en una doble bendición.

I. Guerrero.


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