LOS “CONTRASTES” ENTRE HERMANOS.
Hace algunos años laboraron en nuestro plantel dos hermanos (hombre y mujer). Ambos vivían en una población cercana a la nuestra. Cada uno se trasladaba al CBTis 70 en su propio automóvil y entraban a la misma hora a trabajar.
Desconozco cuantos hermanos hayan sido en su familia pero al parecer los dos que estaban aquí debieron ser los que más diferían entre si, y es que, aparte de las diferencias físicas correspondientes a su sexo había las siguientes:
Mientras que la hermana era idealista y soñadora, el otro era realista y sin aspiraciones.
Mientras que la hermana era amable y cariñosa, el otro era poco sociable y hosco.
Mientras que la hermana era muy inteligente, el otro no lo aparentaba.
Mientras que la hermana era muy activa en su quehacer administrativo, el otro era lento en su labor docente.
Mientras que la hermana le tenía aprecio a la escuela, el otro renegaba de ella.
Mientras que la hermana era una persona muy servicial, el otro era terriblemente egoísta, tanto, que en una ocasión un colega que le pidió un “aventón”, se quedó plantado en el pórtico principal mientras el otro salía velozmente con su auto por el pórtico secundario. -Ni el polvo le vi- dijo el colega plantado.
Esas eran las diferencias más notorias entre los dos hermanos… ¡Perdón! olvidaba una divergencia más…
Mientras que la hermana manifestaba un verdadero aprecio por su hermano cosa que le confirmó consiguiéndole su plaza de trabajo en el CBTis 70, el otro no se preocupaba tanto por ella como lo demostró más de una vez.
Sucedió que en una ocasión se descompuso el auto de la hermana. Obviamente como su hermano diariamente viajaba al mismo lugar y entraba a la misma hora a la escuela, la hermana pensó entonces se animó a pedirle “un aventón” de “ida” a su hermano. entonces se animó a pedirle “un aventón” de “ida” a su hermano. -Si- le contestó secamente el hermano.
El primer día del “ride” todo fue bien. El trayecto transcurrió en una conversación familiar, llegaron al plantel y cada uno se dirigió a sus quehaceres normales. Pensó la hermana idealista Pensó la hermana idealista El segundo día parecía mejor entre los dos hermanos, solo que, antes de llegar al “pueblo de la fiesta eterna”, el hermano detuvo el automóvil en una gasolinera del camino y sin bajarse de él le dijo a su hermana:
-Oye, estaría bien que me dieras dinero para la gasolina ¿cómo ves?-
-Claro que si- contestó la hermana, y agregó -toma este billete de doscientos pesos- La mujer pensó de buena fe . . El “hermanito” tomó el billete, sacó su abultada cartera del pantalón, la cual al abrirla se desparramó como un acordeón por la cantidad de billetes que traía ordenados por su denominación y metió el billete entre los de doscientos pesos. Luego arrancó el automóvil y se encaminó directamente al plantel. Para que echaba gasolina… ¡si el tanque estaba casi lleno…!
Se acabaron las conversaciones familiares y todo aquello que duró un trayecto y medio. La hermana, jamás volvió a pedirle “un aventón” a su “hermanito”.
I. Guerrero.