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“LAS PALABRAS DE MÁS…” Cierta ocasión se reunieron cuatro amigos en un antro de la localidad, tres de ellos trabajadores del CBTis 70 y el cuarto, esposo de una colega docente. Todos platicaban alegremente acerca de las cosas de la vida. -Que´sto que lo´tro, ¡salud!-, -Que´sto que aquello, ¡salud!- -Que vino, que fue, ¡salud!-, -Que viene, que va ¡salud!-
Ya desinhibido el esposo de nuestra colega les comentó en confianza a sus tres amigos que a últimas fechas había tenido algunas diferencias con ella y que a lo mejor “la dejaba”. Así lo dijo una vez, luego otra, y otra más… Fueron tres veces y a la tercera uno de los que estaban ahí, trabajador de intendencia conciente de la enorme posibilidad que se abría ante si, habida cuenta de que nuestra colega docente es una guapa y valiosa mujer en todos los sentidos, le dijo en seco: -Pues… si tu la dejas, ¡¡¡yo la agarro!!!- -¿¡¡Qué tal!!?- ¿A poco no fue una simplificación maravillosa la del compañero de intendencia? ¿Para que problemas entre amigos pudiendo hacer la transferencia de una esposa en paz?, ¿Para que litigios de divorcio, idas al juez, careos, etc.? Nada, nada, “tu la dejas yo la agarro” así de simple. Ahora bien, viniendo la idea de una persona sin complicaciones ni vericuetos mentales, expresada justo en el momento sin pensar ni medir las consecuencias de sus palabras es motivo de reflexión para cualquiera, sobre todo para el “dejador”. Total que ni uno la dejó, ni el otro la agarró y hoy nuestra amiga continua estable en su relación matrimonial, pero… por si acaso, hay uno -¡por lo menos uno!- que esperando está… I. Guerrero.
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