“EL SALTO”
Cierta vez un adolescente decidió dar un salto en su bicicleta hacia la parte baja de una escalinata que por un lado da a unas aulas ubicadas a desnivel en la parte más alta de la escuela y por el otro da al patio cívico. Es una altura considerable, pero al “valiente” joven no le importó hacerlo quizá tratando de impresionar a alguien.
El muchacho agarró impulso en veloz carrera por el pasillo que da a las aulas y se lanzó en su bicicleta intentando librar todos los escalones y caer en el encementado patio cívico.
Tal vez le sobró fuerza, o a lo mejor no pudo controlar su bicicleta al caer, quien sabe, el caso es que al “aterrizar”, la bicicleta salió disparada para un lado mientras que el muchacho fue dando tumbos con toda su humanidad por el patio cívico hasta quedar justamente a los pies del joven e inexperto médico que precisamente en ese momento pasaba por ahí acompañado del prefecto don Luís Castrejón Licea.
Con la cara raspada y la sangre brotándole por las heridas el joven quedó inconsciente a los pies del pasmado médico.
El primero que reaccionó fue don Luís quien se inclinó para tratar de hacer algo por el muchacho, mientras que el galeno sin saber que hacer comenzó a gritar: ¡Un médico! ¡un médico! ¡traigan un médico! …
Al oír esto don Luís le replicó: ¡oiga, pero si usted es médico!
¡Eh!, !ah, si¡ ¡ah, si! contestó el galeno que no sabía que hacer…
Don Luís al ver que el médico no hacía más que sostener la cabeza del muchacho le sugirió a este que acercara a la nariz del desmayado un algodón mojado en alcohol para que al olerlo despertara…
-Si, está bien, ve por ellos al consultorio- dijo el joven médico.
Don Luís trajo rápidamente las cosas: una botella de alcohol, un paquete grande de algodón y otro de gasas. En el acto le entregó las cosas al médico.
De inmediato el joven médico empapó de alcohol una bola de algodón del tamaño de su puño y enseguida lo acercó a la nariz del adolescente pero al ver que no reaccionaba y sintiéndose cada vez más presionado, ¡le exprimió el algodón directamente en las fosas nasales…! Así si despertó el muchacho.
En cuanto le entró el alcohol por la nariz instintivamente levantó su cabeza tosiendo. Luego lo ayudaron a levantarse y el joven médico le dijo:
Ya vete de aquí muchacho, es más, tu ni eres de esta escuela, ve con un doctor a que te atienda…
Don Luís ya ni dijo nada…
El pobre muchacho se fue de ahí trazando “eses” por el patio cívico, golpeado y con la llanta delantera de su bicicleta convertida en un ocho.
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I. Guerrero.
P.D. Desde aquí le envío un afectuoso saludo a don Luís Castrejón Licea, quien dejara nuestra escuela por motivos de salud y su jubilación. Le deseo lo mejor don Luigi tenga usted la seguridad que cumplió cabalmente con el papel que le tocó desempeñar en nuestro plantel.